✍️ Autor: Carlos Antonio Carrasco
📰 Lugar: La Razón
📅 Fecha: 24 de mayo de 2025
Los recientes viajes relámpagos de Donald J. Trump a los emiratos del Golfo y al reino de Arabia Saudita, aparte de ser el primer desplazamiento al extranjero en este su segundo mandato, nos confirman la tendencia repetitiva de que los objetivos geopolíticos de esos viajes quedan relegados en favor de logros mercantiles que podrían instaurar esa nueva escuela en las relaciones internacionales que la podríamos apodar como la diplomacia del “deal”. Esas cuatro letras en su acepción en lengua inglesa encierran varias definiciones, pero un mismo final: la obtención del fin pensado con antelación. Pero también se refiere al acuerdo o trato entre las partes, un pacto o arreglo y, como verbo, la habilidad de comerciar, de negociar o simplemente de aprovechar alguna oportunidad coyuntural.
Esos caminos podrían conducir al resultado feliz en el que ambos contendientes se sientan ganadores. Durante la visita a la que aludimos, Trump selló sendos acuerdos traducidos en promesas de inversión rápida de billones de dólares en los Estados Unidos y las compras millonarias de armamento americano. Además, en Qatar aceptó con regocijo el regalo de aquel lujoso avión valorado en 150 millones de dólares que podría reemplazar a su vetusto Air Force One, que actualmente utiliza para sus desplazamientos internos e internacionales.
Acostumbrado a salir ganador casi en todas las lides en que participa, al calor de su campaña electoral repetía que el conflicto ruso-ucraniano se acabaría en 24 horas, cosa que no ocurre pese a su romance con Putin ni a la concesión de los yacimientos de tierras raras ofertadas por Ucrania a Washington. Tampoco sus fuertes amenazas a Hamas consiguieron la liberación de los rehenes israelíes en su poder. En cambio, en otras latitudes, su supuesta mediación entre la confrontación de India con Paquistán, evitó la escalada previsible de esas dos potencias nucleares.
Igualmente, el cese de sanciones otorgada al actual gobierno de Siria, presidido por Ahmed al-Charaa, antiguo comandante terrorista, muestra la arista pragmática de Trump, que brindó a su barbudo interlocutor una fresca ocasión de democratizar su país y abrir allí las posibilidades de inversiones americanas.
Quedan aún otras negociaciones pendientes como el acariciado renovado tratado con Irán para que abandone su programa nuclear y así evitar la tentación israelí de bombardear sus instalaciones militares sospechosas de albergar ese proyecto.
Como se puede apreciar, el arte diplomático del “deal” tiene sus altibajos, pero en la presente era trumpista mueve la dinámica mundial de la geopolítica, en la que el multilateralismo ha quedado relegado a segundo plano, por la imparable presencia del magnate en la Casa Blanca, también declarado aspirante al Premio Nobel de la Paz.
https://larazon.bo/opinion/2025/05/24/innovacion-en-la-diplomacia/




