Leones en el Vaticano

✍️ Carlos Antonio Carrasco
📰 La Razon
📅 7 de junio de 2025.

Cuando de la chimenea empezó a brotar humo blanco, la muchedumbre que espectaba minuto a minuto ese magno acontecimiento en la plaza de San Pedro estalló de júbilo ese 8 de mayo, con mayor estruendo que en pasadas similares ocasiones.

Acaso intuía que al controvertido Francisco lo reemplazaría un nuevo filo-latinoamericano que se propondría sacudir la Iglesia hacia la modernidad, preservando —no obstante— sus valores fundacionales. Así fue como Robert Francis Prevost trocó su mitra cardenalicia por la tiara papal, escogiendo como nombre oficial León XIV-

Pero, ¿quién fue su homenajeado predecesor titular del numeral XIII? Nada menos que Vincenso Gioachino Pecci, quien, nacido en 1810, asumió el papado por 25 años en 1878 hasta su muerte en 1902, durante una época en que imperaba en el mundo el más salvaje capitalismo surgido de la reciente revolución industrial que explotaba a los obreros con ahínco esclavizante.

Lejos de la naciente critica marxista, León XIII formuló la doctrina social de la Iglesia, plasmada en su revolucionaria encíclica Rerum Novarum, en la cual adoptaba esa firme posición frente a la debatida “cuestión obrera”. Por ello, adquiere singular relevancia el bautizo escogido por el cardenal Robert, cuya biografía lo retrata como al misionero agustino, quien nacido en cuna de la América imperialista vivió por décadas en la sierra peruana de Chiclayo, cohabitando con los indios quechuas, absorbiendo sus usos y costumbres para finalmente obtener la nacionalidad peruana con la que se identifica plenamente.

Su ascenso hasta el codiciado sitial romano a sus 69 años induce a pensar en cierta ayuda misteriosa, más aún si hacemos analogía con la fresca película Conclave, de Edward Berges, presentada curiosamente solo hace tres meses, que cuenta en narrativa fictiva los secretos reales que encierra esa reunión ultrafurtiva encargada de elegir al sucesor de San Pedro. Sorprendentemente, en el citado filme, luego de sucesivos intentos, logra la victoria el modesto cardenal mexicano que finalmente revela ser víctima de aquello que los griegos llamaban hermafroditismo y que los médicos califican como hipoandrogenio o bisexuado, lo cual nos remonta a la leyenda de la papisa Juana inventada el siglo IX.

Premonitoriamente, en este último cónclave (como en la ficción), otro cuasi-latinoamericano es el elegido. Siguiendo la influencia complotista y los sigilosos cabildeos expuestos en el filme que aludimos, podríamos imaginar que el papa Francisco fue quien —en realidad— escogió a su sucesor primero elevando al arzobispo Robert al cardenalato, hacía tan solo dos meros años antes, y luego haciendo filtrar la consigna a la mayoría de cardenales nombrados durante su mandato. Con ese gesto Francisco evitaba la victoria de los purpurados conservadores incluyendo aquel africano, caricaturado también en la fantasía cinematográfica.

Sin embargo, no se puede prever que León XIV siga todos los pasos de Francisco, porque en sus primeras declaraciones públicas, priorizó claramente su pasión por la paz mundial, ofreciendo sus buenos oficios, preocupación ausente hasta ahora.

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