✍️ Carlos Antonio Carrasco
📰 La Razon
📅 25 de Octubre de 2025
Mucho antes de asumir sus funciones presidenciales, Donald J. Trump, en tanto que exitoso empresario, escribió aquel libro autobiográfico titulado The art of dealing (El arte de negociar), en el cual describía trucos y modalidades varias para obtener facilidades y ventajas frente a sus interlocutores en sus transacciones comerciales que, en resumen, consisten en acorralar a su contrincante empujándolo hasta el abismo para luego rescatarlo no sin antes consiguiendo implantar sus puntos de vista.
Desde los albores de su segundo mandato (20 enero 2025) bajo el lema de “America First”, utilizó el alza de las tarifas aduaneras en caprichoso vaivén para obtener beneficios para su país, tratando inmisericordemente por igual a naciones amigas o rivales. Paralelamente, titular del poderío militar americano, se le ocurrió constituirse en mensajero de la paz universal, despreciando la diplomacia multilateral que la juzga inoperante y actuando en caballero solo, para vanagloriarse luego de haber evitado o mitigado nueve guerras inminentes, lo cual es en buena parte verdad.
Grande fue su decepción, cuando su irrefrenable ego lo impulsó a creer inevitable su entronización a ese Premio Nobel de la Paz que nunca vino. Cansado de trotar alrededor del mundo y estancados sus esfuerzos pacifistas en Ucrania, ahora ha volcado su mirada hacia Sudamérica, pensando que “ellos nos necesitan más a nosotros que nosotros a ellos”. Sin embargo, los recortes presupuestarios atribuidos a Usaid han mermado los programas de ayuda a la región y, hoy más bien, ha cobrado vigencia la lucha frontal decretada contra los carteles narcotraficantes que, declarados como organizaciones terroristas, son el blanco principal de la fuerza naval desplegada en las costas del Caribe, movilizando cerca de 10.000 soldados, asediando principalmente a Venezuela.
Más aún, la guerrilla verbal entre el presidente colombiano Gustavo Petro y Trump suma y sigue llegando a niveles indecorosos y hasta peligrosos, cuando el presidente estadounidense conmina al colombiano a “destruir los cultivos de droga o, si no, nosotros lo haremos por ustedes y eso no será bonito”.
La batalla contra el narcotráfico se extiende también hacia México, puerta de entrada terrestre del fentanilo. A todo ello, se añade la lucha contra la inmigración ilegal que aparentemente ha frenado con éxito la entrada clandestina de miles de sudamericanos. En la región, entre los países amigos de la actual administración, figura en primer término El Salvador, cuyo presidente Nayib Bukele alberga en sus cárceles de alta seguridad a cientos de migrantes indeseables expulsados por Estados Unidos.
Otro favorito de Trump, visitante asiduo de la Casa Blanca, es el argentino Javier Milei, a quien el Tesoro acaba de acordarle un crédito blando de 20.000 millones de dólares, pocos días antes de las elecciones legislativas, lo cual indudablemente inducirá al apoyo de los electores.
Por último, la reciente elección del centrista Rodrigo Paz como presidente de Bolivia ha sido saludada con inusitado ahínco por la Casa Blanca, prometiendo cooperación económica al nuevo gobierno que, con una diplomacia apropiada, podría sacar grandes ventajas de Washington.




