DIPLOMACIA EN DEMOCRACIA, WEBINAR “BOLIVIA-ESTADOS UNIDOS DESPUÉS DE VENEZUELA”

Analistas advierten que la relación Bolivia – EE.UU. entra en una etapa de definiciones marcada por seguridad, narcotráfico y tensiones geopolíticas

✍️ Diplomacia en Democracia
📰 Brújula Digital
📅 07 de Marzo de 2026

Durante el encuentro, los panelistas coincidieron en que el contexto hemisférico está cambiando rápidamente y que Bolivia podría verse obligada a redefinir su política exterior frente a un escenario internacional más confrontacional.

La relación entre Bolivia y Estados Unidos atraviesa un momento de redefinición marcado por cambios geopolíticos en la región, nuevas prioridades de seguridad y una creciente polarización política en el propio Estados Unidos. Ese fue el eje de un webinar titulado “Bolivia–Estados Unidos después de Venezuela: Seguridad, Drogas y Gobernabilidad Regional”, en el que participaron el politólogo Eduardo Gamarra, el diplomático Jaime Aparicio y el exalcalde de La Paz Ronald MacLean Abaroa.

Durante el encuentro, los panelistas coincidieron en que el contexto hemisférico está cambiando rápidamente y que Bolivia podría verse obligada a redefinir su política exterior frente a un escenario internacional más confrontacional.

El profesor Eduardo Gamarra, académico de la Florida International University, explicó que la política regional de Washington se desarrolla actualmente en un contexto marcado por varios factores simultáneos: el retorno de Donald Trump al poder, el colapso del régimen chavista en Venezuela y el surgimiento de nuevos alineamientos políticos en América Latina.

Según Gamarra, durante años Bolivia se alineó con el bloque político formado por Venezuela, Cuba y Nicaragua, en una agenda crítica hacia Estados Unidos. Sin embargo, esa etapa estaría cambiando y el país podría entrar en una nueva fase de relación con Washington.

Uno de los elementos centrales de ese proceso sería la normalización plena de los vínculos diplomáticos entre ambos países, deteriorados desde 2008 tras la expulsión mutua de embajadores.

El analista sostuvo que, en ese nuevo escenario, Bolivia podría convertirse nuevamente en un actor relevante dentro de la agenda regional de Estados Unidos, particularmente en tres áreas: seguridad regional, lucha contra el narcotráfico y fortalecimiento institucional.

Gamarra identificó siete dimensiones clave que podrían marcar la cooperación bilateral en los próximos años. Entre ellas mencionó el intercambio de inteligencia, la cooperación en operaciones de interdicción contra el narcotráfico, el fortalecimiento institucional del sistema de seguridad y justicia, el acceso a financiamiento internacional y la cooperación en marcos multilaterales.

Uno de los puntos más sensibles es el intercambio de inteligencia, prácticamente interrumpido desde la expulsión de la DEA en 2008. La eventual reactivación de estos canales permitiría compartir información sobre redes criminales transnacionales, rutas del narcotráfico y ubicación de laboratorios clandestinos.

El académico planteó además tres posibles escenarios para la relación entre Bolivia y Estados Unidos en los próximos años.

El primero sería un alineamiento más profundo con Washington, que implicaría mayor cooperación en seguridad, asistencia económica y respaldo a iniciativas regionales impulsadas por Estados Unidos.

El segundo escenario sería el de una “autonomía cooperativa”, en el que Bolivia mantendría una relación estrecha con Washington pero preservando márgenes de independencia en su política exterior.

El tercer escenario contemplaría un deterioro de la relación bilateral, que podría surgir si se agravan tensiones internas en Bolivia o si cambia nuevamente el clima político en Washington.

El diplomático Jaime Aparicio coincidió en que la política hemisférica atraviesa un proceso de reconfiguración profunda. Según señaló, Estados Unidos está redefiniendo sus alianzas regionales bajo una lógica más directa y transaccional, en la que los países que buscan cooperación deberán asumir compromisos concretos.

Aparicio sostuvo que Washington está priorizando temas como seguridad, narcotráfico y presencia de potencias externas en la región, particularmente China.

En ese contexto, planteó que Bolivia enfrenta el desafío de definir con claridad qué tipo de relación desea construir con Estados Unidos y si cuenta con instituciones suficientemente sólidas para aprovechar esa oportunidad.

El diplomático también advirtió que existe una tensión potencial entre una política exterior orientada hacia una mayor cooperación con Washington y una estructura institucional interna que, según dijo, mantiene elementos heredados del anterior ciclo político.

Por su parte, Ronald MacLean Abaroa introdujo una mirada más crítica sobre el contexto político en Estados Unidos y sus posibles implicaciones para la región.

Desde su experiencia viviendo entre Washington y Miami, señaló que en el país norteamericano existe actualmente una fuerte polarización política que también se está reflejando en la política exterior.

Según MacLean, la administración de Donald Trump muestra una actitud que describió como “arrogante, fuerte y polarizante”, lo que podría traducirse en una política exterior más agresiva hacia América Latina.

El exalcalde sostuvo que los recientes acontecimientos en Venezuela, que calificó como inimaginables hace algunos años, muestran que Washington está dispuesto a actuar con mayor decisión en la región.

A su juicio, ese contexto reduce el margen de maniobra de países como Bolivia, que podrían verse empujados hacia posiciones más definidas dentro de la estrategia estadounidense.

MacLean también señaló que en Washington existe actualmente una creciente preocupación respecto a la influencia de China en América Latina y que ese factor podría convertirse en uno de los ejes centrales de la política exterior estadounidense en la región.

Otro de los puntos que destacó fue la debilidad institucional del Estado boliviano. Según afirmó, la persistencia de estructuras administrativas heredadas del ciclo político anterior y la penetración de la corrupción podrían dificultar la implementación de reformas necesarias para atraer inversiones y fortalecer la política exterior.

El exalcalde también advirtió sobre posibles contradicciones entre el marco constitucional vigente —que definió como orientado hacia el “socialismo”— y la intención del actual gobierno de impulsar políticas económicas más cercanas al mercado.

Esa tensión, sostuvo, podría generar dificultades cuando se deban aprobar reformas legales vinculadas a inversiones, arbitraje internacional y apertura económica. MacLean añadió que, en su opinión, Bolivia enfrenta el riesgo de perder tiempo político en medio de ese proceso de transición institucional.

Finalmente, sostuvo que el país debería aprovechar el momento actual para impulsar cambios más profundos en su política exterior y fortalecer sus instituciones diplomáticas.

A pesar de las diferencias de énfasis entre los panelistas, el debate coincidió en que la relación entre Bolivia y Estados Unidos se encuentra en un punto de inflexión.

Los próximos años —señalaron— estarán marcados por la necesidad de equilibrar oportunidades de cooperación con Washington con la preservación de la autonomía de la política exterior boliviana, en un escenario internacional cada vez más competitivo y polarizado.

Analistas advierten que la relación Bolivia – EE.UU. entra en una etapa de definiciones marcada por seguridad, narcotráfico y tensiones geopolíticas – Brújula Noticias