✍️ Víctor Rico Frontaura
📰 La Razon
📅 21de Julio 2025
En un contexto internacional marcado por la inestabilidad, la competencia entre superpotencias y la disminución de la cooperación para el desarrollo, América Latina busca redefinir su lugar en el orden global. Aunque América Latina representa sólo el 7.3% del PIB mundial y mantiene un 5% del comercio global, cifras similares a las de 1970, su relevancia geoestratégica ha aumentado por sus recursos naturales, su posición geográfica y por ser una región de paz, sin conflictos bélicos, étnicos y/o religiosos. Sin embargo, enfrenta un escenario adverso: el multilateralismo se debilita, los conflictos se intensifican y las democracias liberales se encuentran asediadas por los extremismos de izquierda y derecha.
En un mundo con múltiples desafíos, América Latina tiene que evitar alineamientos excluyentes o alianzas definidas por el “anti” y sacar el mayor provecho de sus relaciones con las potencias globales.
Veamos lo que está en juego en el ámbito económico, en cada uno de los casos:
Estados Unidos continúa como el principal socio comercial de América Latina y el Caribe. En 2022 el comercio bilateral superó los 800.000 millones de dólares. Por el lado de las inversiones, el año pasado superó a la Unión Europea como el principal origen de la Inversión Extranjera Directa-IED representando el 38% del total en sectores tales como servicios, tecnología y manufacturas. Los tratados comerciales como el T-MEC con México y Canadá y los acuerdos bilaterales con países andinos (excepto Bolivia y Venezuela) y centroamericanos consolidan la presencia de Estados Unidos en la región, aunque persiste la interrogante sobre la agenda compartida en el actual escenario geopolítico y los efectos de la guerra comercial en el intercambio de bienes. A la luz de las cifras de comercio e inversión queda claro que el diálogo y la cooperación debiera centrarse en los temas económicos con un enfoque de beneficios mutuos.
En lo que se refiere a la relación de América Latina con China, este último ya es el segundo socio comercial de América Latina con intercambios que superan los 450.000 millones de dólares. Es el principal destino de las exportaciones para Brasil, Chile, Perú y Argentina. Sin embargo, sus inversiones alcanzaron apenas a 7.000 millones de dólares en 2023 considerablemente menor que las provenientes de la Unión Europea y Estados Unidos, en sectores como energía, minería e infraestructura. La iniciativa de la Franja y Ruta conocida como la nueva Ruta de la Seda que define la estrategia global de China en infraestructura y cooperación ha tenido una amplia receptividad en la región: 17 países latinoamericanos incluyendo 7 sudamericanos forman parte de ella. El megaproyecto del puerto de Chancay y los corredores logísticos terrestres y ferroviarios apuntan a transformar la conectividad principalmente en América del Sur reduciendo costos y tiempos de transporte con China y Asia. Los temas de una eventual agenda compartida podrían ser el comercio, la infraestructura y el apoyo a las entidades multilaterales que sostienen la cooperación internacional.
La Unión Europea es hoy el tercer socio comercial de América Latina con un comercio bilateral que supera los 250.000 millones de euros. Hasta el año pasado era el mayor inversionista en la región llegando a representar el 36% del total. De acuerdo con el último informe de la CEPAL, en el 2024 bajo al 15 % del total de la inversión extranjera directa en la región. Tradicionalmente las inversiones de origen europeo se concentran en sectores como energía, banca y telecomunicaciones. El marco normativo de los vínculos birregionales está definidos principalmente por los acuerdos de asociación con México, con Chile, Centroamérica y por los tratados comerciales con Colombia, Perú y Ecuador. El esperado acuerdo de asociación con el Mercosur podría ser ratificado antes de fin de año dando un nuevo impulso a la relación entre nuestras regiones. Sería una señal política muy clara de la Unión Europea hacia América del Sur. Ampliaría las condiciones para establecer una alianza estratégica birregional basada en una visión compartida de un orden global multipolar y el compromiso con el multilateralismo. La agenda compartida incluye el cambio climático, la transición energética, el comercio y la inversión, y la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico.
¿Como se encuentra la región para enfrentar este escenario? Es cierto que la integración regional no está en su mejor momento. Me atrevería a decir que desde el punto de vista político está en el momento más bajo de los últimos 50 años. Continúan los efectos de la ideologización de la integración impulsada por los países dirigidos por gobiernos del denominado socialismo del Siglo XXI, signo dominante durante la primera y segunda década de este siglo. No hay condiciones políticas ni institucionales para grandes iniciativas estratégicas. Sin embargo, existe espacio propicio para avanzar en una agenda mínima de cooperación centrada en la integración física y normativa, la apertura real de mercados, la conectividad digital y la transición energética. Un dato interesante que muestra el último informe de la CEPAL es que la inversión intrarregional representa el 13% del total de la IED por encima de la inversión de origen chino. Parece que, al igual de lo que ocurre internamente en nuestros países, el sector privado identifica claramente las oportunidades y se anticipa a las acciones de los gobiernos.




