BREVES APUNTES SOBRE LA GESTION PRESIDENCIAL DE RODRIGO PAZ.

FERNANDO MESSMER TRIGO

22 de Octubre de 2026.


A poco de cumplirse el primer año de su gestión, considero necesario expresar mi decepción por la brecha que existe entre las expectativas que despertó su llegada al Gobierno y la escasa atención que le brinda a los asuntos fundamentales que el país necesita. Me preocupa, especialmente, la inexplicable conducción de la política exterior del país.
Es difícil comprender su menosprecio y rechazo a los diplomáticos de carrera, optando por una improvisación inadmisible y contraproducente, como si en ella radicara una virtud o una suerte de originalidad.

Extraña ese afán de hacer las cosas de manera diferente, como si se pretendiera inventar la pólvora. Más grave todavía tratándose de la diplomacia, un oficio milenario que los países institucionalizados han desarrollado y perfeccionado a lo largo de la historia.
En política exterior, hay que anotarlo, la experiencia, el conocimiento especializado y la continuidad institucional son condiciones indispensables para poder precautelar y defender eficazmente los intereses del país.

La experiencia acumulada en el Servicio Exterior profesional constituye un recurso nacional en el que nuestro Estado ha invertido y no parece sensato ignorarlo. La imagen internacional de Bolivia es un activo económico necesario para generar confianza en los inversionistas, el comercio, el turismo y la credibilidad del Estado.

En esa misma línea, me preocupa también la influencia atribuida a asesores ajenos a la estructura formal del Gobierno, como ha sido el caso de Fernando Cerimedo. Ningún asesor debería sustituir, de manera informal, las competencias y responsabilidades propias de las autoridades legalmente constituidas y menos aún en áreas tan sensibles como son los asuntos internacionales.

Debo aclarar que estas observaciones no responden a ninguna aspiración personal. Después de casi treinta años de servicio diplomático, estoy jubilado y disfruto plenamente de esta etapa de mi vida. Me mueve únicamente la preocupación por el interés nacional y por la necesidad de contar con una política exterior profesional, coherente y no improvisada.

Todavía es posible rectificar el rumbo. Para eso se requiere, priorizar los asuntos esenciales, fortalecer las instituciones y reconocer que la confianza y expectativas ciudadanas deben atenderse con decisiones concretas y no simples enunciados, que luego quedan en eso, meros enunciados.

Bolivia necesita una política exterior seria, apoyada en la experiencia de sus profesionales y, además, con una visión de Estado, es decir, una visión que trascienda una gestión gubernamental.