NUESTRA DOCTRINA INTERNACIONAL: ENTRE RAMIRO ORIAS | NUESTRA DOCTRINA INTERNACIONAL: ENTRE OSTRIA GUTIÉRREZ Y FELLMAN VELARDE | 10.09.2026REZ Y FELLMAN VELARDE

✍️ Ramiro Orías
📰 Brújula Digital
📅 10 de septiembre de 2026

Encontrar la manera de construir recursos de poder nacional duraderos mediante los beneficios de la cooperación internacional, credibilidad institucional, seguridad jurídica y prosperidad económica.

Ramiro Orías

Desde 1935, con el fin de la Guerra del Chaco, Bolivia desarrolló una política internacional destinada a romper su aislamiento geográfico mediante una estrategia que buscaba convertir al país en un eje articulador entre el Atlántico y el Pacífico y en el fiel del equilibrio regional desde el centro de América del Sur, conectando el macizo andino con la Amazonía y la cuenca del Plata, para hacer de Bolivia una “tierra de contactos y no de antagonismos”, en palabras de Luis Fernando Guachalla.

En esa formulación, el pensamiento y protagonismo de los diplomáticos Alberto Ostria Gutiérrez y José Fellman Velarde representan dos de las corrientes más influyentes de la política exterior boliviana del siglo XX, cuyo legado perdura hasta hoy. Ambos coinciden en la necesidad de mejorar la vinculación de Bolivia con el mundo y su integración con los países vecinos, pero parten de presupuestos distintos sobre cómo hacerlo.

En 1946, Alberto Ostria Gutiérrez publicó Una obra y un destino, donde analiza la política exterior boliviana tras el fin de la Guerra del Chaco. El libro expone cómo Bolivia intentó superar su “desmesurado aislamiento” internacional mediante nuevas alianzas económicas, ferroviarias y estratégicas con los países vecinos y con Estados Unidos, adoptando la causa de las democracias y manteniendo la lealtad a los principios del derecho internacional.

La obra estudia las negociaciones diplomáticas y tratados firmados con Perú, Chile, Brasil, Argentina y Paraguay, mostrando el esfuerzo boliviano por reconstruir su economía, abrir rutas comerciales y redefinir su posición continental después de la derrota militar. 

El propio Ostria Gutiérrez, como canciller y embajador, negoció tratados con Brasil y Argentina, especialmente los acuerdos ferroviarios y petroleros impulsados durante las décadas de 1930 y 1940, que precedieron a los acuerdos de exportación de gas natural de nuestros tiempos. 

En 1936, consagró el más amplio régimen de libre tránsito para el comercio boliviano por puertos del Perú, así como suscribió los convenios preliminares sobre el aprovechamiento del Lago Titicaca.

Su obra con Chile fue la más notable: en 1937 perfeccionó el régimen de libre tránsito para Bolivia por los puertos de Arica y Antofagasta y, entre 1947 y 1950, concretó el inicio de negociaciones bilaterales con el fin de otorgar una salida al mar a Bolivia por medio de un corredor terrestre situado al norte de Arica a cambio de compensaciones no territoriales, que finalmente se frustraron.

Así, el legado ostriano se basa en la necesidad de convertir la geografía de Bolivia de factor de aislamiento en espacio de integración, equilibrio y articulación continental, mediante una diplomacia pragmática, cooperativa y fundada en el derecho internacional. Particularmente con los vecinos, existe una obra de complementación económica, física, energética y de vinculación portuaria que se inició y debe proseguir.

Luego vendría la Revolución Nacional de 1952, proceso que reconfiguró el posicionamiento internacional de Bolivia. En 1967, el excanciller José Fellman Velarde publicó su libro Memorándum sobre política exterior boliviana, en el que formula una doctrina internacional para Bolivia y propone que el país debe, primero, interpretar su posición geográfica, histórica, económica y política para definir sus intereses nacionales permanentes.

Fellman sostiene, también, que el vecindario es el primer anillo de vinculación internacional, pero para él no constituye necesariamente un espacio de cooperación, pues está condicionado por una “debilidad comparativa” derivada de diversos factores internos estructurales de atraso y subdesarrollo. 

Fellman agrega que, para el logro del interés nacional, apoyarse solamente en el derecho internacional es insuficiente, pues su aplicación depende de organismos sin la competencia ni la fuerza necesaria para esta tarea. 

Por ello, el país debe construir su estrategia internacional a partir del fortalecimiento de sus recursos de poder nacional y, después, buscar el logro de su posición nacional en el campo externo mediante un cambio en “la relación de fuerzas como elemento de presión económica, militar, legal y moral”.

Recordemos que Fellman Velarde, como canciller de la Revolución Nacional, promovió la reivindicación marítima a través de “modificar la situación jurídica del Tratado de 1904”, respondió con el rompimiento de las relaciones diplomáticas con Chile a raíz del desvío de las aguas del río Lauca y alentó la internacionalización de la controversia bilateral, llevando la cuestión ante la OEA.

Entre el pensamiento de Ostria Gutiérrez y Fellman Velarde se configura así uno de los debates centrales de la política exterior boliviana del siglo XX: mientras el primero concibió la inserción internacional de Bolivia desde la integración, la cooperación y la construcción de intereses comunes con sus vecinos, el segundo puso el peso político en el poder nacional y en la modificación de la relación de fuerzas para el logro del interés nacional, definido en términos de su gravitación regional.

Ostria y Fellman representan, en definitiva, dos respuestas a una misma pregunta: ¿cómo debe Bolivia superar las limitaciones de su posición internacional? Ostria apostó por la integración, la negociación y la construcción de interdependencias a partir del Derecho; Fellman puso el pulso político en el poder nacional y en la modificación de la relación de fuerzas para el logro del interés nacional, definido en términos de su gravitación regional.

La política exterior boliviana del presente necesita probablemente de ambas tradiciones intelectuales: una Bolivia que se integre sin aislarse, que se abra al mundo sin perder autonomía y que defienda sus intereses con una estrategia de Estado capaz de convertir su posición geográfica en una fuente de influencia y no de vulnerabilidad. El desafío contemporáneo no es escoger entre poder y cooperación, sino encontrar la manera de construir recursos de poder nacional duraderos mediante los beneficios de la cooperación internacional, la credibilidad institucional, la seguridad jurídica y la prosperidad económica.

Si Fellman dejó la lección de que Bolivia necesita una lectura estratégica de su posición y recursos de poder para modificar la correlación de fuerzas para la gestión externa de sus intereses. Ostria ofrece una enseñanza especialmente pertinente para el presente: la integración, la cooperación y la construcción paciente de intereses comunes pueden ser también instrumentos de poder en un entorno regional en el que Bolivia necesita fortalecer su conectividad, su comercio y su inserción internacional.

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