SUIZA VOTA SOBRE SU NEUTRALIDAD: TRES REFLEXIONES PARA BOLIVIA

✍️ Ricardo Alba
📰 Brújula Digital
📅 19 de septiembre de 2026

Para los bolivianos, la pregunta es otra: ¿cómo relacionarnos con el mundo para superar la crisis y generar prosperidad? La respuesta exige voluntad política para reconstruir instituciones y construir consensos.

El 27 de septiembre, los ciudadanos suizos votarán la iniciativa popular federal “Salvaguardar la neutralidad suiza”, que no cuestiona la neutralidad, sino que busca modificar su aplicación. La iniciativa propone fijar en la Constitución una práctica más estricta, especialmente sobre las alianzas militares, la cooperación en defensa y las sanciones contra Estados beligerantes. Sus partidarios buscan mayor claridad; sus adversarios temen que la rigidez reduzca el margen de acción del país.

Se votará cuando la guerra ha regresado a Europa, el multilateralismo pierde fuerza y la rivalidad entre potencias hace menos previsible el orden internacional. Las democracias están bajo presión y para los Estados pequeños, las tensiones geopolíticas afectan cada vez más la seguridad y el comercio.

Mi relación con Suiza comenzó hace varias décadas, durante mis estudios universitarios. Desde entonces, mi vida familiar y profesional ha transcurrido entre Suiza y Bolivia. Esa experiencia me lleva a proponer tres reflexiones para nuestro país.

1. Bolivia necesita más del mundo de lo que hoy el mundo necesita de Bolivia

Para Bolivia, reconocer esta asimetría no disminuye nuestra dignidad ni supone aceptar relaciones de subordinación. Debería impulsarnos a actuar con realismo. Para salir de la crisis múltiple –institucional, política, social y, sobre todo, económica– necesitamos reconstruir la confianza dentro y fuera del país.

Bolivia necesita mercados, inversión, tecnología, cooperación y financiamiento multilateral. Necesita socios confiables para desarrollar su potencial minero, agrícola, forestal y turístico, aprovechar de manera sostenible su biodiversidad y posicionarse mejor en el mundo. Nuestras riquezas no bastan: competimos con otros países. Establecer alianzas con esos socios exige instituciones sólidas, reglas claras y estables, seguridad jurídica y capacidad para cumplir compromisos a largo plazo.

2. Constitución: estabilidad y capacidad de adaptación

Los suizos debaten cómo conciliar estabilidad constitucional y capacidad de adaptación. La discusión se extiende desde el Parlamento y los partidos hasta los medios y las conversaciones familiares.

En Suiza, las modificaciones constitucionales forman parte de la democracia directa. Una iniciativa ciudadana de reforma parcial requiere 100.000 firmas, menos del 2 % del electorado, y para aprobarse necesita la mayoría del pueblo y de los cantones. En Bolivia, una reforma parcial por iniciativa popular exige al menos el 20 % del electorado –un umbral unas once veces mayor– además del control constitucional y del referendo. El sistema suizo facilita que la ciudadanía proponga reformas y decida sobre ellas.

Bolivia necesita adecuar su marco constitucional, reconstruir su institucionalidad y transformar un modelo económico estatista que ha limitado la inversión, la iniciativa productiva y el desarrollo. Dada la complejidad de una reforma total, la vía parcial parece más viable para determinados cambios, dentro de los límites constitucionales, con transparencia y pleno respeto a las reglas democráticas.

Una Constitución debe proteger principios, derechos y acuerdos esenciales, pero no impedir que la sociedad responda democráticamente a nuevas necesidades y a la evolución del mundo.

3. Política exterior y diplomacia al servicio de la prosperidad

La neutralidad suiza no es una finalidad en sí misma. Es un instrumento de política exterior y de seguridad para preservar la independencia, la prosperidad y la capacidad de decisión.

La diplomacia suiza hace efectiva esa política: defiende los intereses del país y sus posiciones internacionales, ofrece buenos oficios y abre espacios de diálogo y negociación.

Basta observar Ginebra, sede europea de las Naciones Unidas: acoge más de cuarenta organizaciones internacionales y cerca de quinientas ONG. Esta concentración convierte a Suiza en uno de los principales centros de cooperación y negociación multilateral del mundo.

La reconstrucción económica de Bolivia exige una política exterior activa y una diplomacia profesional. A diez meses de gobierno, el lema presidencial “Bolivia al mundo y el mundo a Bolivia” requiere aún una estrategia, prioridades claras y presencia internacional efectiva. Urge designar embajadores y cónsules idóneos en países de interés estratégico, incluidos los vecinos, y reconstruir la carrera diplomática y el servicio exterior, profundamente debilitados por casi dos décadas de politización. El actual gobierno aún tiene pendiente esta tarea.

“Llevar Bolivia al mundo” supone proyectar una visión de país, defender nuestros intereses, abrir mercados, atraer inversiones responsables y negociar acuerdos. Para hacerlo, necesitamos consensos sobre el modelo económico, instituciones confiables y reglas estables que nos permitan cumplir lo que acordamos.

“Traer el mundo a Bolivia” significa atraer recursos, comprender las transformaciones internacionales y transmitir ese conocimiento a quienes deciden. Sin reemplazar a los especialistas, la diplomacia debe identificar oportunidades y riesgos y contribuir a que Bolivia decida mejor.

Una política exterior creíble requiere consensos de Estado sobre las prioridades nacionales y el relacionamiento internacional: acuerdos básicos que den continuidad a la acción exterior y fortalezcan la credibilidad del país.

La experiencia suiza no es una receta para Bolivia. Esta votación muestra cómo un Estado pequeño reexamina su posición internacional para preservar su soberanía, estabilidad y prosperidad, sustentadas en instituciones sólidas, reglas previsibles, cohesión social y una diplomacia eficaz.

El 27 de septiembre, los suizos decidirán cómo aplicar su neutralidad en un mundo incierto. Para los bolivianos, la pregunta es otra: ¿cómo relacionarnos con el mundo para superar la crisis y generar prosperidad? La respuesta exige voluntad política para reconstruir instituciones y construir consensos de Estado que permitan a nuestra política exterior y nuestra diplomacia contribuir a una Bolivia democrática, confiable y próspera.

Ricardo Alba Balderrama fue embajador de Bolivia ante la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra y la OMC. Reside en Suiza.

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